domingo, 9 de marzo de 2014

Permítase

INSTRUCCIONES PARA OLVIDAR
(EL DESAMOR)


Pensamientos a partir de algún manual de instrucciones y algún poema de J. Cortázar.

Para Ruli.


Una vez que susodicho se haya ido, y su corazón haya quedado mal herido, hágase el favor de desprenderse de todas las cosas que puedan recordarle y provocarle un llanto nocturno. 

Imagine todos los momentos de su vida que van a continuar sin susodicho: una sola taza de café en vez de dos, los sueños y pesadillas que no comentará por las mañanas en el desayuno, el caminar por las calles sin una mano tibia que le acompañe, los labios que no darán las buenas noches, el regalo de aniversario que no comprará, el recuerdo de todo lo que no sucederá.

Si la curiosidad es mucha y está tentado en visitar las redes sociales para saber sobre susodicho, permítaselo.
Verá usted que a un mes de que susodicho ha iniciado una relación con esa persona por la que le dejó, ha manifestado un Te amo a esa persona.  Usted inevitablemente se preguntará ¡cómo es posible que en un mes se pueda amar a una persona! Y aquí, justamente, antes de que se mortifique  por contestar esta cuestión, tome una pausa y haga memoria si con usted susodicho también le dijo  Te amo al mes.  Una vez que haya recordado, cual sea que haya sido el acontecimiento, sólo puede tomar la siguiente decisión como respuesta: la aceptación.  Porque, en efecto,  susodicho podrá ser quizá de esos que aman en un mes. Y eso, ningún recuerdo lo puede cambiar.

Permítase llorar un poco.

Permítase odiar un poco.

Permítase, incluso, esas llamadas de madrugada a susodicho.  Permítase decirle que le extraña. Permítase  escuchar esa voz que ya no le dice nada.  Permítase incluso imaginar que susodicho volverá.  Permítaselo, pero sólo un poco, no se olvide que las manecillas del reloj siguen corriendo y no darán marcha atrás.


Y si gusta de escribir, permítase hacer algo pensado para susodicho. Plasme todas las letras que puedan emanar de susodicho.  Agradézcale haber salido a tiempo de su historia. Y finalmente, ponga el nombre de susodicho en la dedicatoria. Porque letras que se pintan en papel, son letras que al tintero nunca regresan. 

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