He olvidado cómo escribir.
Es decir, que tendría que comenzar con una idea,
una motivación o algo.
Pero la verdad es que ya te has llevado todas
mis ideas, mis pensamientos y todo eso que puede inspirarme a escribir.
Y me dejas vacía, me dejas sin letras
Y por más que yo sepa el abecedario al derecho y
al revés
Las letras están molestas porque ya no quieren
escribir tu nombre. Dicen que no quieren
ponerse en ningún tipo de orden porque tú nada más me has dejado en el
desorden.
Y no es por echarte la culpa, aunque bien parezca que la tengas
Porque bien sabes que no me gusta señalar a las
personas
Pero esto se ha vuelto casi involuntario
Porque mi piel es la que te pide a gritos, no yo
Mi cabeza es la que está llena de pensarte, no
yo
Mi corazón es el que decide esperarte, no yo
Y tú estás ausente
Te sumerges en silencio
Te ocultas tras tus gafas.
¡Ojalá yo tuviera gafas! Para verte en otra
dimensión, en otro color, o para no
usarlas y distorsionar tu imagen.
Pero no tengo gafas
No tengo letras
No sé cómo volver a escribir.
Y no es por echarte la culpa, aunque bien
parezca que la tengas, porque sabes que en eso de las culpas yo no me meto, no
soporto cargar con ellas.
Pero fuiste tú el que se fue
Sin decir “adiós”, si quiera para saber que te
ibas, por cordialidad uno se despide cuando se marcha de algún lugar donde
antes tocaste la puerta y la entrada no te fue negada.
O sin decir “regreso al rato”, para esperarte sentada,
acostada, dormida. Y quizá dejarte las llaves debajo de la puerta porque seguro
se te olvidaron -¡Eres tan distraído!- y así puedas entrar a la hora que sea.
Así no más te fuiste, dejándome en la nada.
Y quiero inventarme un nuevo abecedario que no
contenga las diez y tantas letras de tu nombre. Unas letras que no te extrañen.
Unas letras que no sepan de tu piel, de tus labios. Unas letras que me recuerden cómo es esto de
escribir… (Sin ti.)