¿Cuántas veces me prometí no caer en el amor?
Pero es que a mi edad, y tratándose de mí, no suelo cumplir lo que prometo.
Y es que siempre me pasa, que cuando más me
niego, más me entrego.
Me niego a querer, y me entrego a sus labios.
Ya no encuentro las palabras
Se me escapan y el vocabulario se me extingue
Al tratar de articular algo para ti
Porque ni
si quiera puedo reconocer qué es lo que pasa en mí
Siento un fuego dentro de mí
Que me corre desde de la entraña hasta el pecho
Cada vez que te pienso
Y cuando te veo,
No me tiemblan las piernas, más bien
Me tiembla el corazón,
Porque me siento tan vulnerable ante ti
Que me da un poco de pavor que veas en mis ojos
cómo me pierdo cuando te miro.
No entiendo qué es esto que siento, pero lo
quiero sacar:
Yo no quería enamorarme
No quería despertar cada mañana pensando en ti,
extrañando tu piel junto a la mía
No quería este deseo que de querer besarte hasta
que se me termine la saliva
No quería estas ganas de estrecharme a ti
Regalarte cada centímetro de mí
No quería verte y decir “cuánto lo amo”
No quería verte y sonreír
No quería verte y correr a ti
Yo no quería enamorarme
No quería sentir este fuego en el corazón al ver
que no me quieres besar frente a tus amigos
Ver que no me tomas de la mano entre la gente
Ver que al despedirte no buscas mis labios pero
sí mi frente
No sé por qué besas mi frente si yo lo que
quiero de ti son tus labios
Porqué en la frente si el beso que me robaste
fue en los labios
Yo no quería enamorarme
No quería verte y sonreír
Porque la sonrisa se me desdibuja cuando me
enfrento a la realidad:
que tu
corazón no late junto al mío
que tu corazón más bien está frío
que alguien le robó su calor
calor que yo no puedo dar.
Yo no
quería enamorarme. Yo no quería perder la cabeza. Yo no quería despegar los
pies del suelo, yo no quería perder la noción del tiempo. Pero ya no hay marcha atrás. Las promesas a
mí todas las rompí. Las palabras todas
se me escaparon, y sigo sin articular algo que parezca bello, algo que guste,
algo que a alguien le encante. Y todas estas palabras no tienen ni pies ni
cabeza, no tienen estructura, ni tienen rima.
Son sólo un grito de mi corazón quebrado que está todo revuelto y no ve
nada claro.