Camino por la calle de siempre
para llegar a casa.
La calle siempre es igual, con el
vecino arriba de la azotea que mira ala
gente que pasa.
Yo soy esa gente.
Miro al vecino que
mira por la azotea…
Pienso en no mirarlo.
Creo que no lo veo.
Percibo la mirada del vecino
observándome.
Quiero creer que no sé que me
mira.
Decido que no sé que me observa.
Sigo caminando.
Escucho un silbido del
vecino que me observa desde la azotea.
Decido no escuchar el
silbido.
Quiero creer que he
decidido no escuchar el silbido.
(Silbido)
Sigo caminando…
Quiero creer que no
sigo escuchando el silbido del vecino que me observa desde la azotea.
Quiero creer que ese
silbido no resuena en mis tímpanos.
Quiero creer que mis
tímpanos no quieren explotar porque no soportan el silbido del vecino que
me observa desde su azotea.
Quiero creer que puedo
ignorar al vecino que me observa desde su azotea todos los miércoles cuando
regreso de la escuela.
Quiero creer que puedo
ignorar la mirada repugnante del vecino que me observa desde su azotea.
Quiero creer que puedo
seguir caminando ignorando la mirada y el silbido detestable del vecino que me
observa desde su azotea.
Pero sólo sigo caminando…
Sigo caminando.
Me doy cuenta de que
la gente que veo y que desconozco observa a la demás gente.
Yo soy esa demás gente.
Me ven de una forma que
hace sentirme extraña en esas calles de siempre.
Ven directamente a mis
ojos.
Ven a mis ojos y su
cara se vuelve inexpresión.
Ven profundamente mis
ojos, y desde su profundidad surge su inexpresión.
Me pregunto si serán
algún reflejo de mí.
Me pregunto si es así
como me veo…
(Silbido)
Quiero dejar de estar en esas calles de siempre.
Quisiera que esas calles de siempre dejaran de existir,
Que dejaran de existir esas personas de siempre que me miran
como antes nunca,
Que no exista el silbido que resuena en mis tímpanos,
Que no exista el vecino que me observa desde su azotea todos
los miércoles desde hace cinco semanas…
Sigo caminando.
Y sigo siendo esa
gente que lleva grabadas en la mente el
silbido repugnante del vecino que me observa desde su azotea,
Las miradas fijas y las caras inexpresivas de todo aquel que
me observa mientras camino.
(Silbido)
Sigo andando por esas
calles de siempre,
Entre la gente de
siempre,
Con mis pequeños
pasos de siempre…
Hoy pasos cortos y
flotantes…
Después de este trozo de laberinto,
Me doy cuenta de que
puedo controlar
Qué tanto apoyo mis pasos en éstas calles delirantes.
Y hoy, decido que mis
pasos pueden dejar de estar enterrados
Y comenzar a ser
Flotantes.
Tania Vázquez