jueves, 28 de febrero de 2013

LABERINTO




Camino por la calle de siempre para llegar a casa.
La calle siempre es igual, con el vecino arriba de la azotea que mira  ala gente que pasa.

Yo soy esa gente.

Miro al vecino que mira por la azotea…
Pienso en no mirarlo.
Creo que no lo veo.

Percibo la mirada del vecino observándome.
Quiero creer que no sé que me mira.
Decido que no sé que me observa.

Sigo caminando.

Escucho un silbido del vecino que me observa desde la azotea.
Decido no escuchar el silbido.
Quiero creer que he decidido no escuchar el silbido.

(Silbido)

Sigo caminando…

Quiero creer que no sigo escuchando el silbido del vecino que me observa desde la azotea.
Quiero creer que ese silbido no resuena en mis tímpanos.
Quiero creer que mis tímpanos no quieren explotar porque no soportan el silbido del vecino que me  observa desde su azotea.
Quiero creer que puedo ignorar al vecino que me observa desde su azotea todos los miércoles cuando regreso de la escuela.
Quiero creer que puedo ignorar la mirada repugnante del vecino que me observa desde su azotea.
Quiero creer que puedo seguir caminando ignorando la mirada y el silbido detestable del vecino que me observa desde su azotea.

Pero sólo sigo caminando…

Sigo caminando.
Me doy cuenta de que la gente que veo y que desconozco observa a la demás gente.

Yo soy esa demás gente.

Me ven de una forma que hace sentirme extraña en esas calles de siempre.
Ven directamente a mis ojos.
Ven a mis ojos y su cara se vuelve inexpresión.
Ven profundamente mis ojos, y desde su profundidad surge su inexpresión.
Me pregunto si serán algún reflejo de mí.
Me pregunto si es así como me veo…

(Silbido)

Quiero dejar de estar en esas calles de siempre.
Quisiera que esas calles de siempre dejaran de existir,
Que dejaran de existir esas personas de siempre que me miran como antes nunca,
Que no exista el silbido que resuena en mis tímpanos,
Que no exista el vecino que me observa desde su azotea todos los miércoles desde hace cinco semanas…


Sigo caminando.
Y sigo siendo esa gente que lleva grabadas en la mente  el silbido repugnante del vecino que me observa desde su azotea,
Las miradas fijas y las caras inexpresivas de todo aquel que me observa mientras camino.
(Silbido)

Sigo andando por esas calles de siempre,
Entre la gente de siempre,
Con mis pequeños pasos de siempre…
Hoy pasos cortos y flotantes…

Después de este trozo de laberinto,
Me doy cuenta de que puedo controlar
Qué tanto apoyo mis pasos en éstas calles delirantes.
Y hoy, decido que mis pasos pueden dejar de estar enterrados
Y comenzar a ser  
Flotantes.


Tania Vázquez

miércoles, 27 de febrero de 2013



FRÍO

Cuando no te quiero, es más fácil dominarte
Cuando te quiero, sin que lo sepas, me dominas.
Es una prueba de fortaleza, un medidor de debilidad.

Salí a caminar, para ver si entre las líneas de las calles, te encontraba.
Camino… una ligera cortina de agua sobre mi cabeza…
Un paso, otra cortina de agua,
Otro paso, una cortina más de agua,
Un paso más, cientos de cortinas de agua no sólo en mi cabeza.
Me han cubierto el cuerpo.

No me preocupo por no estar seca.
Sigo mi camino, no me importa mi apariencia. 
Te veré, es lo único  que mi mente piensa…

Me quedo quietecita bajo las hojas de un árbol
Espiando por tu ventana, te veo.  Estás ahí, a unos cuantos pasos.
Quiero correr a tus brazos, pero me hablas al oído negándome tus ojos
Tus ojos, tus ojos grandes…
Me niegas tu presencia, Tu respiración, tu saliva…    

Las cortinas de agua ahora son más grandes y pesadas
Las cortinas de agua han borrado la sonrisa dibujada con crayola azul de mi rostro
Las cortinas de agua me persiguen,
Un paso, otra cortina
Otro paso, una cortina
Paso, cortina, paso, cortina
Cortina, paso, cortina, paso…
Las cortinas de agua no se distinguen
De los destellos de tristeza que expulsan mis ojos grandes

¿Dónde estará el señor que vende plásticos
Para protegerme de las cortinas de agua?
Yo creí que habría uno cada tres metros…
Tal vez a él también las cortinas lo aplastaron.

Sigo caminando en círculos
Entre ese bosque enorme
Al que siempre quise pertenecer
En donde me escondo,
En donde lloro,
Donde me refugio, donde sueño
Aun sigo aquí, es este bosque
El que siempre me contestó que no.

Me duele el cuerpo
De tanto golpe en la espalda
En la cabeza, en los pies
Golpes en todo el cuerpo
Los dientes y los huesos
Me tiritan
De tanto golpe de cortinas.

Decido tomar té en vez de café
Para resolver mi última cuestión:
¿Tomar Té de seo
O tomar Té de testo?


Tania Vázquez