¿En qué momento, cariño, dejamos de habitarnos?
(Mi voz sin tu
boca
Mi mirada sin
tus ojos
Mis manos sin
tu piel)
Habito ahora cuartos vacíos
que me envician a pensarte,
a intentar construirte a base de recuerdos.
Habito paredes vacías de fotos de ti
Habito canciones vacías de tu voz
Habito cuerpos ausentes de ti
Estoy en el transporte de cada mañana y a mi
lado sentado ya no vas.
Camino las calles de siempre
Mis tres comidas al día
Mi taza llena de café…
Pero vacío todo de ti.
Y todo comienza a parecerme inútil
Las estrellas brillan ya sin sentido
Y ya no tiene caso desvelarme
Si ya no es tu cobija la que me recibe en la
madrugada.
La luz me parece inútil pero más la oscuridad,
porque ya tampoco me parece suficiente lugar
para refugiarme de estos recuerdos necios
que buscan aferrarse a tu desvanecida silueta.
No tengo
cabida en este lugar,
que, aunque
ausente,
está repleto
de ti.
Pienso en llamarte, en cruzar la ciudad para
buscarte, correr hasta tu puerta, que estés de nuevo aquí enfrente… cerca de mi
frente
Te-preguntar-te-preguntar-te-preguntar-te-preguntar-te-preguntar-te-preguntar-te-preguntar-te-preguntar
La cuestión de mis desvaríos ¿En qué momento,
cariño, dejé de habitar-te-habitar-te-habitar-te-habitar-te? (Con
mi voz como un eco carente)
Pero te quedarás callado como sólo tú lo sabes
hacer.
Y me desesperaré
y te querré golpear
o quizás besar
y gritar fuerte tu nombre
hasta quedar
Muda de ti
Y yo quisiera cariño, hacer todo esto,
todo esto,
todo esto
todo esto
si en el fin pudiera habitarme a mí.